Cántico gradual para Agustín, Tabitha Spruce
Entre tantos placeres literarios está el de encontrarnos un poema memorable donde no lo esperas, sin ir más lejos en un libro que no es de poesía.
En el
capítulo 23 de Mientras escribo, la obra de no ficción que Stephen King
dedicó a su vida, su obra y su oficio, el autor incluye un poema
de Tabitha Spruce, la que ha sido su pareja toda la vida, escrito escrito poco
antes de que fueran novios, como ejemplo de obra trabajada con
imaginación, oficio y dotada de sentido.
Este
es el poema y a continuación algunas de las palabras que King le dedicó en el libro. .
CÁNTICO
GRADUAL PARA AGUSTÍN
Despierta
en invierno al oso más delgado
la
risa dormida de las langostas,
la
algarabía de las abejas soñando,
el
perfume meloso de la arena del desierto
que
lleva al viento en su matriz
hacia
los montes lejanos, las casas de Cedro.
El
oso ha oído una promesa en firme.
Hay
palabras comestibles; alimentan
más
que la nieve amontonada en bandejas de plata
o
el hielo desbordando fuentes de oro. No siempre son mejores
las
esquirlas de hielo en la boca de un amante, ni un desierto soñando
eternamente espejismos.
El
oso, despierto, entona un cántico gradual
tejido
con arenas que conquistan ciudades
en
virtud de un lento ciclo. Su alabanza seduce
a
un viento que pasa de viaje hacia el mar
donde
un pez, cautivo en su red minuciosa,
oye
el canto de un oso en la nieve de tibios aromas.
(…)El
poema parecía atravesado por cables que tensaran los versos casi
hasta hacerlos zumbar. La combinación de lenguaje elaborado e
imágenes delirantes me pareció emocionante y esclarecedora. El
poema de Tabby, por añadidura me hizo sentir menos solo en mi
convicción de que la buena literatura podía ser embriagadora sin
renunciar al hilo conductor de las ideas. (…)
Del
poema también me gustó su ética del trabajo, señal de que
escribir poesía (o cuentos, o ensayo) tenía tanto que ver con
fregar suelos como con los episodios míticos de revelación. (…)
Durante
el debate que siguió a la lectura de Tab, vi que la autora entendía
su poema. Tenía plena conciencia de qué había querido decir, y lo
había dicho casi todo. Estaba familiarizada con san Agustín por dos
frentes: su formación católica y sus estudios de historia. La madre
del santo (que también fue canonizada) era cristiana, y el padre
pagano. Antes de su conversión, Agustín sólo buscaba dinero y
mujeres. Después de ella siguió batallando con sus impulsos
sexuales, y es conocida su «oración libertina», donde pide:
«Señor, hazme casto… pero no todavía». Sus obras ponen el
acento en la lucha del hombre por renunciar a la fe en sí mismo a
favor de la fe en Dios. Y en ocasiones se comparó con un oso. (…)
Lo de
que sea un cántico gradual quizá responda a que el despertar del
oso también es gradual. El oso es fuerte y sensual, aunque delgado,
porque está desfasado de tiempo. Cuando le pidieron que explicase su
poema, Tabby dijo que en cierto modo puede entenderse el oso como
símbolo de la tendencia humana, incómoda y maravillosa tendencia, a
soñar lo adecuado en el momento menos oportuno. Son sueños
difíciles por inoportunos, pero lo que prometen es maravilloso. El
poema también insinúa que los sueños tienen poder: el oso posee la
fuerza necesaria para seducir al viento, consiguiendo que lleve su
canción a un pez atrapado en una red.
No
pretendo sostener que «Cántico gradual» sea una obra maestra
(aunque sí me parece un buen poema). Viene a cuento reproducirlo
porque era un poema sensato en una época histérica, un ejemplo de
ética literaria que me caló en lo más hondo del corazón y el
alma. (…)
Traducción de.
Jofre
Homedes Beutnagel
Aquí, el original A Gradual Canticle for Augustine.
Aquí, el original A Gradual Canticle for Augustine.
(*)
El
gradual
es un canto (o lectura) en la misa
católica Su forma usual es una respuesta en solitario con un solo
verso. Es
un tiempo para la oración y el silencio, de ahí que posea un texto,
sea tan relativamente corto y normalmente adornado, elaborado y melismático
(que pueden llevar varias notas por sílaba. El Clamaverunt
iusti,
por ejemplo, tiene melismas de hasta 66 notas. El silábico, por el
contrario, lleva una nota por sílaba.)
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