Visitante
Esperó, oculto tras la penumbra más densa del dormitorio, hasta que la criatura dejó de moverse. Entonces descendió hasta su regazo. Estudió unos instantes el cuerpo tendido ante él, desplegó el instrumental, palpó con prudencia la cabeza y apartando unos mechones, clavó la aguja hasta el fondo. El cuerpo se contrajo y el rostro se arrugó en distintas direcciones, dando muestras de dolor, aunque enseguida se calmó y permaneció dormido. Continuó con el procedimiento. Conectó un grueso cable al otro extremo de la aguja y manipuló los resortes del panel mientras leía con atención las indicaciones; hasta que una de ellas confirmó que el proceso había comenzado con éxito, comprometéndose a avisarle cuando hubiese concluido. Aun así, siguió observando el panel en previsión de algún error, de alguna sorpresa inesperada. El cuerpo se extremecía. Seguramente debido a la extracción. No se consideraba un proceso especialmente doloroso pero tenía entendido que solía provocar sueños ...