Contabilidad Básica
Algo sorprendió a los alumnos del curso de Contabilidad Básica para desempleados cuando el primer día de clase el profesor entró en el aula. Sin saludar ni presentarse. Y durante más de veinte minutos deambuló entre las mesas, miró por la ventana, intercambió algunas palabras con alumnos de las últimas filas. Siempre esbozando una peculiar sonrisa, cohibida y forzada.
La mayoría supuso que estaban esperando a alguien, el director del proyecto formativo, el consejero de nosecuántos, quíén sabe, alguien que diría unas palabras, seguramente demasiadas, y escucharía un par de preguntas, probablemente absurdas, antes de dar comienzo al curso.
Hasta que una chica larguilucha, con cara de sueño, preguntó:
- ¿Estamos esperando a alguien?
La observó sin responder. Aunque nadie podría asegurar por su mirada que la estuviera viendo. Incluso cuando desvió la mirada hacia la puerta por donde había entrado, sus ojos parecían contemplar otros paisajes. Se llevó la mano a la barbilla y la apretó unos segundos con con su pulgar e índice y de pronto se irguió, como recordando algo, dio media vuelta y se dirigió hacia su pupitre. A medio camino torció la cabeza y dijo:
- No.
Se sentó frente a la clase, ahora con una actitud más resuelta y jovial, los miró unos segundos y comenzó la clase:
- Bueno, vamos a hablar del curso. Me llamo Manuel, soy el profesor y lo primero es que yo de contanesequé no sé mucho, la verdad. Me presenté porque vi la oferta y la eché por si había suerte y hace un mes o así, me llaman de un número raro y miro a ver quién era y que me han cogido. Ni me acordaba ya. Y la verdad, fue una alegría enorme. Yo estaba pasando un momento muy complicado, no me llamaban de ningún sitio y he echado de todo: de camarero, en cocina...
Hizo una pausa y pareció recrearse en el sabor de aquellas vivencias.
- Pero si usted no tiene conocimiento de contabilidad cómo es que le han escogido como profesor de este curso. -dijo un señor con gafas de montura roja, sin ninguna intención oculta, con genuino desconcierto.
- Yo qué sé, no se habrán dado cuenta. Igual se han confundido. Pero a mí me ha salvado la vida.
El alumnado, como una masa contraída, se agitaba, rumiaba, parecía albergar algún objeto extraño, incómodo, que necesitaba expulsar. Pero nadie se decidía a empujar primero.
- Pero ¿y nosotros? Yo he venido a aprender Contabilidad. - Dijo un chaval gigantesco de veintitantos, se detuvo un momento y parecía decidir si enfadarse o llorar, hasta que concluyó-: No a perder el tiempo -dando un moderado golpe en la mesa.
Esta reacción desencadenó murmullos, miradas cómplices, comentarios. La masa parecía salir de su confusión. Comenzaba a cavilar y pronto buscaría respuestas, culpables. Iniciaría una rebelión; que el profesor atajó enseguida:
- ¿Y por qué no vamos a
aprender? Pues claro que vamos a aprender. -se rio, esta vez
enseñando los dientes, y se encogió de hombros, mostrando cándida
ingenuidad.- Venga vamos a empezar. Abrid el libro por el principio.
-Él hizo lo propio, pasó dos o tres páginas, dio unos toquecitos
con el dedo sobre las estaba buscando, levantó la cabeza y dijo en
voz alta-: "Tema uno: ¿Qué es la Contabilidad?" -apoyó
los brazos sobre la mesa, se inclinó hacia delante y con aire
soñador preguntó a la clase-: A ver, ¿qué pensáis vosotros que
es la Contabilidad?
¿Continuará?
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